Os había dicho que los primeros
días nos íbamos a alojar en un “jostel”, verdad? Yo ya había estado en alguno
en Londres con mi hermana, pero claro, eso fueron 3 noches contadas y solo lo
pisábamos para dormir después de andar lo que no está en los escritos, por
aquello de hacer turismo. Cuando estuve en Croacia era más loco todavía porque
no teníamos reservas sino que teníamos que buscar callejeando y siempre
encontrábamos algo bastante decente y a buen precio, pero esto fue… cómo me
explico yo para que podáis percibir lo que sentíamos!!!
Las fotos que había en internet
mostraban un lugar decente, sin lujos obvio, pero con sus camitas, su mesita,
su sillita, su ventanita… y un ambiente muy jovial, ameno y divertido.
Aparecimos allí a eso de las 23:30 hrs de aquí, es decir, tarde, mu tarde… y
agotadas. Nos ayudaron a subir las maletas porque estábamos en la primera
planta y yo creo que si hubiéramos metido dentro un cadáver hubieran pesado
menos (y la verdad, me he dejado olvidadas un montón de cosas en Madrid!!!!).
Total, que buscamos nuestra habitación y cuando abrimos la puerta vemos que es
un cubículo propio de un call center… nos quedamos con los “eyes like plates” y
entramos, maleta por delante, como pudimos. Lección de vida: jugar al tetris es
bueno, ayuda en este tipo de situaciones.
Sobra decir que baño y resto de
zonas eran comunes, esto es, en plan comuna a lo hippie. Porque, señores, aquí
no es que los jóvenes backpakers vayan descalzos por el “jostel”, es que van
descalzos por la vida!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
En fin, casualmente, un poquito
más arriba en la misma calle había un hotel Ibis. Sí, sí, esos con tan buen
precio en el territorio español. Y nosotras, muy dignas, fuimos a preguntar.
Total, que igual que entramos, salimos. $129 la noche!!! (solo nos podríamos permitir
algo así trabajando en uno de los miles locales de “masaje con happy ending”,
pero aún no hemos llegado a ese extremo, que acabamos de aterrizar como aquel
que dice!)
Volvimos con las orejas gachas a
nuestra humilde morada con el propósito de encontrar otro lugar lo antes
posible. La verdad es que la situación era un poco desesperante, el ser humano
necesita su espacio vital, comprobado.
Total, que empieza la búsqueda de
un hogar, compartido, porque tal y como está la vida por aquí… a través de varias
páginas web que nos recomendaron, mil carteles que hay pegados por la calle de
“share room/apartament o lo que fuere”, en los tablones del hostel, de la
academia… sitios mil. Y he aquí lo que nos encontramos:
- Habitación
en un apartamento en el CBD (Centre Business Disctric, usease, en to’l
meollo), el tío con el íbamos a
vivir parecía majo. Esa tarde nos habíamos tomado un par de cañitas
haciendo tiempo hasta que llegara la hora de ir a ver la habitación.
Cuando llegamos el chico, un turco, nos enseño la casa, que era bastante
decente, con piscina comunitaria, y nos invitó a tomar algo en su genial
terraza mientras hablábamos de las condiciones del alquiler. Estefy y yo
tendríamos que compartir cama, cosa que tampoco importaba mucho, ya que el
precio, la ubicación, todo parecía ser “algo en condiciones”. El caso es
que el tío no nos hacía contrato y al final lo único que quería era que
pagáramos el depósito sin ninguna garantía para nosotras. Resultado final:
pasando, que no nos fiamos ni de nuestra sombra.
- Habitación
cerca de Ultimo Road, a 0’2 del CBD. La persona que nos lo enseña es una
chica china. Primero vemos los jardines de la comunidad, la piscina, el
gimnasio… Estefy yo flipando de contentas y pensando en el cuerpo fit que
se nos iba a quedar del uso que íbamos a dar a las instalaciones. Vamos a
la casa. Nada más entrar tenemos una pequeña terraza con una mesa y unas
sillitas, bastante cutres la verdad. La tipa nos hace descalzarnos para
entrar (cara de póker, pero lo hacemos). Subimos unas escaleras y
encontramos una colección de zapatos propia de la tienda más cutre del
rastro de Madrid. Nos enseña el baño, la cocina (aceptable), pasamos al
salón donde hay un housemate (Hi!) y salimos al balcón. Cuál es nuestra
sorpresa cuando descubrimos que el balcón lo han convertido en habitación
donde apenas cabe una capa de matrimonio, el armario es una barra, y el
escritorio está como incrustado entre medias. “Gracias pero no”, ¿estamos
locos?, eso es un balcón!!!!!!! Que tampoco es que queramos un chalet o
apartamento de lujo pero de ahí a vivir en un balcón… algo tiene que haber
entre medias, vamos digo yo…
- Otra
habitación en el CBD, un chino esta vez. Llegamos al edificio, esperamos
al susodicho, subimos al apartamento y la misma operativa (descalzas, por
favor, y colección rastrera de zapatos a la entrada). El colmo es cuando
entramos, con todo el asco del mundo porque eso estaba más sucio que un
estercolero, y en el salón resulta que tenemos 3 habitaciones más
construidas a partir de unas estanterías del IKEA que hacían de muros a la
par que armarios y unas sábanas a modo de tabiques, que cualquiera diría
que están ahí secándose porque llueve!!!!!!!!!!!!!!!! Total, la habitación
que se alquilaba sí que tenia muros de verdad (menos mal) y armario, pero
la cama era un colchón de 90 cm tirado en el suelo… “Esto… yo duermo los
días pares y tú los impares o cómo lo hacemos???”. Lo mejor es cuando el
tipo nos recalca la importancia de mantenerlo todo limpio. De coña!!!!
Aquí no viven ni las cucarachas!!! Total, que nos fuimos escandalizadas
del lugar y seguimos buscando.
- Muchas
de las habitaciones, casas compartidas y demás, de las habitables quiero
decir, no duraban libres ni un segundo. Todos respondían con un “lo
siento, ya está alquilada” y yo empezaba a desespérame. Reconozco que sin
hogar era difícil centrarse en lo laboral. Miles de sms’s y llamadas en
balde, bueno, servían para practicar el inglés pero nada más. Nos quedaba
la esperanza de una cita que teníamos casi desde España, pero hasta el día
12 de febrero no podíamos ir a verla!!!!
- Por fin un hogar, llegado el 12 de febrero vimos lo que hoy es nuestro hogar. Es una empresa que se dedica a alquilar casas por habitaciones y organizarte la vida un poco. Pero el lugar es habitable, los compañeros son majos y bueno, el manager tiene sus cosas (muchas, pero no le voy a criticar en público, me lo guardo que quedo mejor). Nuestra habitación es bastante grande, el armario es la caña y con las puertas de espejo (yujuuuuuuuuuuuuuuuu). Estamos contentas, estables, a unos 20-30 min del centro andando, con tiendas muy cerca y un gimnasio con piscina municipal a 2 minutos. Por fin, hogar dulce hogar, desde el 25 de febrero! :D
Si soy sincera debo reconocer que
la situación me llevó un poco al extremo. Pasar de la estabilidad de tener tu
casa, un trabajo fijo, tu rutina, con sus cosas buenas y sus cosas malas… soy
aventurera pero necesito cierta seguridad en mi vida, al menos unas mínimas
condiciones de recogimiento… incluso llegamos a cambiar diferentes opiniones
sobre nuestra situación en estos lares lejanos, pero nosotras fuimos más
fuertes que la situación y después de pegarnos cuatro gritos y quedarnos más a
gusto que un arbusto, conseguimos solventar el primer gran reto. Porque los amigos, como dicen los sacerdotes
en las bodas, están para lo bueno y para lo no tan bueno!